jueves 15 de noviembre del 2018

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“Mi mejor premio es que los niños me den la mano y me saluden”

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  • Arturo Bonometti, generoso benefactor de escuelas, cuerpo de bomberos y asociaciones civiles de Coihueco, Chillán, Chillán Viejo y Cabrero.

Las murallas de la pequeña oficina de cuatro por cuatro metros que tiene acondicionada en su casa, y en la que suele pasar gran parte del día, prácticamente ya no tienen espacio para colgar en ellas más distinciones.

Municipios, escuelas básicas, cuerpos de Bomberos y asociaciones civiles de Coihueco, Chillán, Cabrero, Chillán Viejo, Bulnes, entre otros, son solo algunas instituciones que han reconocido el altruismo que Arturo Bonometti ha demostrado por más de dos décadas.

“Estos premios se dan y uno los toma con cariño, pero son cosas que no se pueden eludir tampoco; si pudiera hacerlo creo que lo haría porque prefiero mantenerme en bajo perfil, siempre he sido así y nunca me ha gustado andar de florero”, comenta el oriundo de Monte Águila, en la comuna de Cabrero, que el 5 de noviembre pasado recibió un nuevo galardón.

Fue el propio alcalde de Chillán, Sergio Zarzar, quien llegó a su hogar a darle la noticia de que en agradecimiento al apoyo que ha entregado por más de veinte años a la Escuela República de Italia, a ésta se le añadirá su nombre completo.

“La verdad me sorprendió este reconocimiento por algo que vengo haciendo hace muchos años. Yo no soy un benefactor, es muy grande esa palabra para mí, oiga”, comenta el espigado contador de casi dos metros de estatura que el 18 de agosto pasado cumplió 94 años.

El nonagenario, al pertenecer al Círcolo Italiano de Chillán, que frecuentemente solidarizaba con la escuela básica, se interesó en seguir mejorando las condiciones del establecimiento de la ciudad.

Pero su desprendimiento fue más allá y colegios de Nebuco, Tres Esquinas de Cato y Monte Águila le agradecen su desprendimiento.

-¿Por que ayuda a las escuelas?
-Vaya a saber uno... vendrá en los genes; es una satisfacción muy hermosa. El miércoles pasado estuve en la escuela de Nebuco y me recibieron 30 cabros... cómo no va a ser bonito que se pongan a mi lado y se me amontonen. Eso no se paga; mi mejor premio es que los niños me den la mano y me saluden (responde entre sollozos).

-¿En qué consiste la ayuda que hace?
-Lo que hacemos es entregar premios a los cabros en las escuelas para las competencias que hacen en deportes, y también al final de cada año el alumno más destacado académicamente y al mejor compañero. También hacemos mejoras en la infraestructura y ayudamos en otras cosas que necesiten.

-¿Si tuviera mejores condiciones económicas, qué haría?
-Ufff... tendría como joyas a las escuelas básicas y no tendrían que estar pidiendo cosas para sobrevivir.

-¿Qué siente al ver que muchas están en mal estado en la comuna?
-Me da pena porque no hay otro “Quijote” que copie lo que hago y se haga cargo de otras también.

-¿Le falta solidaridad al chillanejo?
-Hay gente en la comuna con mejor solvencia económica que la mía, que tiene veinte veces lo que tengo, y no entregan nada; ellos no van a dejar ninguna huella en este mundo y por lo menos a uno lo van a recordar con cariño. No entiendo por qué tanto afán de tener más y más riquezas en la gente y no devolver nada a la sociedad, a las finales uno se muere y no se va a llevar nada al cajón. Por eso a estos viejos ladrones de las compañías de papeles que se coludieron les obligaría hacer unas 50 casas en tres o cuatro pueblos.

-¿Qué cambiaría en la ciudad?
-No le cambiaría nada. Que se pongan de acuerdo las autoridades nomás y empujen el carro todos para un mismo lado; las cosas hay que hacerlas dejando la política de lado.

Golpes duros
Si bien asegura que la vida ha sido generosa con él, pues le ha permitido un buen pasar, admite también que ésta le ha castigado duramente al arrebatarle de mala manera a dos de sus seis hijos y a sus dos esposas y compañeras con las que compartió inolvidables momentos.

“Estoy enojado con ‘don Jechu’ porque se llevó antes de tiempo a cuatro de mi familia. La pérdida de mis hijos mayores fue un gran golpe, ellos fallecieron hace aproximadamente cinco años en tiempos muy cortos”, explica con resignación, derramando unas lágrimas. “Echando en la balanza, puede que esté equiparado todo”, añade.

Arturo Bonometti está convencido de que está viviendo sus últimos años de vida. Su avanzada edad y las patologías que su cuerpo está sufriendo ya no le garantizan mucho tiempo de existencia.

Tiene diabetes, y hace 15 años le detectaron cáncer, el cual se ha ramificado en varias partes del cuerpo hasta convertirse en metástasis.

“A ustedes les llama mucho la atención de todo esto que he hecho, pero yo lo hago también porque ya terminé mi vida; ya viví lo suficiente y más no se puede hacer”, precisa.

-¿Y qué le queda por hacer?
-He plantado árboles y tengo hijos. Me gustaría escribir un libro, pero no tengo la capacidad intelectual para hacerlo.

-¿Se arrepiente de algo en su vida?
-He tratado de hacerlo lo mejor posible y han habido errores que he cometido, pero la vida también tiene que tenerla.

Si bien las murallas de la pequeña oficina con ventana a la calle El Roble, donde le gusta pasar gran parte del día, está atiborrada de premios, aún falta el que oficialice que su querida escuela básica se llama “Escuela Italia Arturo Bonometti”.

“El municipio no me ha dicho cuando será, pero la familia está preparada para ese día”, comenta.