jueves 15 de noviembre del 2018

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El chillanejo que rescató el folclor más tradicional de nuestra tierra

Tomás Lago, a 111 años de su natalicio

Ya lo decía Nicanor Parra, “Tomás Lago es el profeta del arte popular chileno”, y así fue. Dueño de una capacidad amplia para ir en el rescate de las tradiciones campesinas y artesanales más arraigadas de Chile, las que están en boca de todos en estas Fiestas Patrias, el investigador nacido en Chillán el 22 de septiembre de 1903 no solo contribuyó a la sociedad desde su faceta de escritor. Además fundó y dirigió el Museo de Arte Popular, dependiente de la Universidad de Chile, entidad que hoy lleva su nombre y que continúa rescatando el folclor de nuestra zona, a través de muestras relacionadas a sectores como Quinchamalí, siguiendo así con el deseo de Tomás Lago, quien falleció en 1975. En la gesta fundacional de este museo, le ayudarían estrechamente Pablo Neruda y otra coterránea, Marta Brunet.

Tomás Lago estudió en el Liceo de Hombres e hizo amistad en Chillán con Nicanor Parra y Pablo Neruda. Con este último, editó en 1926 el poemario “Anillos”. Viajó a Santiago en la década del veinte para estudiar Derecho, carrera que nunca terminó. Lo que sí finalizó fueron biografías a personajes como Juan Mauricio Rugendas y la viajera Mary Graham, cientos de ensayos dedicados al folclor y colaboraciones junto a sus ilustres amigos poetas.

El periodista y columnista Álvaro Matus lo describió así hace dos años en un escrito. “Si bien practicó la poesía y la novela, es en el ensayo donde Lago resulta deslumbrante. Su estilo es directo, ameno y engañosamente simple. La información se filtra a través de los recuerdos personales sin ningún crujido, dando como resultado una prosa aceitada que nos entrega imágenes nítidas de nuestra cultura popular”.

Amigo de Nicanor

Se conocieron en Chillán y forjaron una amistad que se extendió hasta la muerte de Tomás Lago. Nicanor había sido compañero en el Liceo de Hombres del hermano del ensayista, Enrique Lago Pinto, quien con los años se radicó en Las Cruces, Quinta Región. En plena década de los setenta, Tomás invitaría a Nicanor a visitar a Enrique en el balneario y el antipoeta se habría enamorado a primera vista del lugar, que finalmente escogió para autoexiliarse en la década de los noventa.

Además, Nicanor le escribiría a Lago un poema titulado “Palabras a Tomás Lago”, el que se encuentra alojado en “Poemas y antipoemas” de 1954. Sus líneas rezan: “Te vi por primera vez en Chillán/En una sala llena de sillas y mesas/A unos pasos de la tumba de tu padre. Tú comías un pollo frío/a grandes sorbos hacías sonar una botella de vino”.

El historiador Alejandro Witker editó un libro dedicado a su figura cuando se cumplía el centenario del nacimiento de Tomás Lago. “Al investigador le apasionaba la fuerza reveladora de ese ‘pasado viviente’ que constituye la cestería, la alfarería y el tejido americano popular, y viajaba con sus alumnos especialmente a Bolivia para indagar en las raíces más vitales y límpidas de los hechos folclóricos”, recuerda el académico de la UBB.

“Su obra fue apreciada en el extranjero, tal vez más que en Chile. Viajó a París (1961) donde fue recibido por Walter Leheman, jefe de la sección Investigador de la religiosidad popular americana del Museo del Hombre; por Henry Riviere, director del Museo del Arte y Tradición Popular de París, por otros notables especialistas. Fue entrevistado por la Radiodifusión Francesa y la Revista Museum de Ubesco destacó su labor” precisa Witker, quien añade en la publicación la importancia de relevar la figura de Tomás Lago y reconocer en él el tremendo aporte al rescate del folclor de nuestra zona y la cultura nacional.